El cuidado como arma de construcción comunitaria

Atala: Últimas Coberturas

 

No ha sido un día cualquiera, todo lo contrario. Ha sido un día muy especial, emotivo y esperado por muchos y muchas. Los nervios, la incertidumbre, la mascarilla, los guantes y el no poder tocar y abrazar a las personas que queremos, no han permitido dejar de sentir eso tan bonito que hemos experimentado en el cuerpo.

Tras más de 40 días y sus 40 noches, fuimos a visitar a las y los integrantes de nuestra plantilla de la jubiloteca de Berriozar. Les íbamos a entregar la nueva equipación para la siguiente temporada, las mascarillas, una documentación a rellenar y la explicación de cómo vamos a poder seguir siendo equipo, aunque la situación haya cambiado.

Lo que antes eran abrazos, besos y caricias da paso a un diálogo de miradas, amagos de afectos, choque de codos y palabras llenas de incertidumbre. Esto es una cuestión de orden sanitaria en la que, si hacemos caso omiso, puede que tengamos que lamentar nuevas bajas en el equipo. Así que, aunque nos sea difícil no ofrecer y recibir las muestras de cariño, este cariño lo demostramos descubriendo nuevas formas, guiños y miradas llenas de sentido.

Hicimos un recorrido por las casas, nos contaron cómo se encontraban física y emocionalmente. En su totalidad quiere seguir siendo parte de la plantilla la próxima temporada, cuando volvamos a bailar, cantar, llorar, reír, a conquistar las calles de Berriozar y a abrazarnos.

Texto de las responsables de la Jubiloteka Berriozar.

Hace dos años, en una acción de experimento social comunitaria, el ayuntamiento de Berriozar, los servicios sociales, el centro de salud y Transforma, nos seleccionó para dirigir un equipo de veteranos de la localidad. No es un equipo cualquiera, es el Club Integrativo Jubiloteka Berriozar, personas que por diversas razones necesitan de un entrenamiento específico para jugar los partidos en casa.

El reto estaba encima de la mesa, había que crear un grupo en el que no hubiera estrellas, un grupo homogéneo en el que primara el colectivo sobre el individuo. Tras una valoración inicial, en el que determinamos los desajustes individuales, nos adentramos en el trabajo específico con unos entrenamientos exigentes. Los desbarajustes son nuestra especialidad.
Cada individuo y en consonancia con las necesidades familiares y de cuidados, determinó su grado de participación en el proyecto. Unos entrenan 5 días a la semana, otro 3 y otros 2.

La estructura de los entrenamientos es rutinaria aunque siempre queda espacio para la improvisación. Cada entrenamiento consta de 3 partes divididas en 45 minutos. Son 3 ejes con los que trabajamos, Cabeza, corazón y Cuerpo
La primera parte tiene que ver con el desarrollo individual y la estimulación cognitiva. CABEZA. Cuando llegan al centro de trabajo, nos saludan, abrazan, besan, es el contacto directo lo que nos da la información sobre como vienen ese día. Cada cual tiene su taquilla y más o menos sabe lo que tiene que hacer, cogen los utensilios de trabajo y se ponen a trabajar lo anteriormente pactado. Si ese día no tienen claro su trabajo específico, somos nosotras las que le les dan las pautas en función a su estado de ánimo. En este proceso del entrenamiento suele haber silencio y concentración. Es un trabajo individual que repercute en el grupo.
La segunda parte del entrenamiento, está focalizada en la cohesión de grupo. CORAZÓN. Paramos para hacer un almuerzo saludable y ponemos música estimulante. Es aquí cuando levantan sus cabezas y consiguen reconocer al otro como parte del grupo. Hablan de sus avances y sus recuerdos. Nosotras damos vueltas por la sala, interactuando con la plantilla, a búsqueda de necesidades ocultas.
La última parte del entrenamiento tiene que ver con estimulación física, el vehículo con el que se mueven. CUERPO. Ahí es cuando, cada cual, con sus limitaciones, da el máximo de sus posibilidades. Hemos conseguido que reconozcan a su cuerpo como parte importante en su correcto funcionamiento vital. Una vez concluido los entrenamientos, nos despedimos con o incluso mejor disponibilidad al saludo inicial.
Estos entrenamientos sirven para jugar los partidos en casa, es allí donde se ve si el trabajo tiene sus frutos. Son las cuidadoras familiares las que hacen el seguimiento de que nuestro trabajo. Si hay algo que no está funcionando, son ellas nuestras ojeadoras y si hay algún desequilibrio, somos informadas.

En la primera temporada, que empezamos los partidos en descenso, pudimos remontar hasta zona champions al final de curso. Fue tal la escalada de posiciones que pudimos renovar la plantilla al completo e incluso hacer fichajes para el siguiente curso.
En la pretemporada trabajamos solas para preparar el curso siguiente, ahí es cuando elaboramos la estrategia y hacemos esos cambios técnicos pertinentes que nos permitan rendir al máximo en la larga y exigente temporada.
Al inicio de esta temporada, sufrimos bajas, una se nos fue, dejándonos un recuerdo imborrable y otra fichó por un equipo que le daba más horas de entrenamiento. Es ley de vida.

Este año lo hemos empezado con la adaptación de las nuevas, integración con el grupo y novedades técnicas de relevancia. Todo según las lo planificado en pretemporada.
Todo estaba yendo rodado, entusiasmo, ilusión, compromiso, alegría, aceptación, disciplina, rutina…hasta que de repente, y ajeno a nuestras posibilidades técnicas, las reglas del juego han cambiado.
Nuestra principal herramienta, el contacto directo, ha sido cuestionada e incluso estigmatizada desde las autoridades competentes. Hay un virus en el ambiente que no nos permite trabajar conforme a lo anteriormente programado.
Desde las instituciones locales nos animaron a que este proyecto no se diera por finalizado y a que con nuestros medios pudiéramos seguir con la preparación del equipo.
Ahí es cuando el ingenio y la tecnología, nos ha permitido iniciar un nuevo programa basado en el cuidado en versión digital. Nos convertíamos en directores deportivos, dejando más espacio de trabajo a las personas cuidadoras. Ellas son a día de hoy, las referentes del equipo. Son las transmisoras de nuestro entrenamiento de manera directa. Si el equipo funciona es porque hemos traspasado poderes y ejecutan acciones que planificamos.
En medio de toda esta transición estratégica, hemos vuelto a sufrir otra baja, dolor más agudo si cabe, porque no nos han dado tiempo de despedirle, aunque queda a expensas de un futuro reeencuentro un homenaje con todos los honores, por parte del equipo.

Tras mas 40 días y sus 40 noches, fuimos a visitar a las integrantes de nuestra plantilla. Les íbamos a entregar la nueva equipación para la siguiente temporada, las mascarillas, una documentación a rellenar, su biografía y a explicarles por qué no podemos tener el trato que teníamos hasta ahora con ellas.
Las normas del juego han cambiado y lo que antes eran abrazos, besos y caricias se han quedado en un diálogo de miradas, amagos de afectos, choque de codos y palabras llenas de incertidumbre. Esto no tiene una explicación a nivel emocional, es una cuestión de orden sanitaria en la que, si hacemos caso omiso, puede que tengamos que lamentar nuevas bajas en el equipo.
Hicimos un recorrido extenso en el que las integrantes nos devolvieron su estado anímico, físico y cognitivo. En su totalidad han asumido un compromiso de, con la vuelta a la normalidad, querer seguir siendo parte de la plantilla.

No sólo nos devolvieron el compromiso sino que además ampliaron su confianza en nosotras y en la sociedad, devolviendo el cariño recibido con un presente gastronómico para aquellas personas que están cuidando de la localidad en primera línea.
No podemos estar más que ORGULLOSAS de este equipo. Ante la adversidad, se han hecho fuertes, ante las sombras, nos ponen luz y ante las preguntas, nos dan respuesta.
Nuestra filosofía de equipo es muy fácil de implementar, es el CUIDADO como herramienta de Construcción Comunitaria. Cabeza, corazón y cuerpo.

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