Cacerolada contra el racismo y la xenofobia

Publicado en Últimas Coberturas

Hoy 21 de marzo es el Día Internacional para la eliminación de la Discriminación Racial y Sos Racismo ha convocado una cacerolada en ventanas y balcones “contra el virus de la discriminación racial”.

¡TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS!
¿Quién no suscribe esta frase?
Todos los países, desde hace más de 70 años (diciembre de 1948) tras la firma de la declaración universal de los derechos humanos, apostaron por las personas como sujetos de derechos, sin distinción de sexo, color, creencias, religión u otras características.
¿Qué nos está pasando como país e individualmente, para que estos principios se nos olviden?
¿Por qué están presentes los mensajes y las comunicaciones alejadas de la realidad?
¿Por qué las narrativas antimigración, racistas y xenófobas se han integrado preocupantemente en la agenda de la actualidad?
Las prácticas discriminatorias son frecuentes, sobre todo contra los, gitanos, migrantes, refugiados y los afro descendientes.
Estamos habituados a polarizar las historias en el enfrentamiento entre indios y vaqueros; entre zombis y supervivientes; entre aliens y terrícolas. En definitiva, entre personas buenas y malas. Y eso hacemos en la existencia cotidiana. Para eso hemos sido programados por las propias historias que hemos construido.
Por eso es importante que las historias se conciban replanteando desde cero las narrativas. La manera de contar la historia es la primera que condiciona como se percibe esta y la responsabilidad de medios y organizaciones es contar las historias huyendo de polarizaciones tradicionales.
Hablemos de historias de personas. De personas cuya realidad se construye, entre otras, en circunstancias positivas de superación y responsabilidad. Esas circunstancias pueden despertar un sentimiento de admiración hacia alguien capaz de enfrentarse a situaciones dramáticas para cambiarlas, hacia alguien que trata de tomar las riendas de su futuro.
Las comunicaciones pueden incluir reconocimiento y ensalzamientos de valores solidarios y empáticos. Estos se encuentran en todos los seres humanos y, por lo tanto, en todos los perfiles de receptores de las informaciones acerca de las personas que padecen el racismo y la xenofobia.
Evitemos comunicaciones defensivas hacia los grupos y mostremos las posibilidades de cambio, las oportunidades y las soluciones al escenario de las personas.
A la vez que reforzamos las percepciones y acciones ciudadanas, no podemos dejar de denunciar las violaciones de derechos asociadas al modelo de gestión migratoria actual, ya sea dentro del territorio del Estado español y/o en las fronteras europeas.
Según el equipo de Maldita.es, dedicados a luchar contra la desinformación en redes, 1 de cada 3 bulos que se viralizan en Whatsapp tienen que ver con la migración.

Europa y  España cada vez se es más  intolerante, el avance y la reaparición de la ultraderecha populista, racista y xenófoba, son  los síntomas de  una transformación  que se apoya: en el descrédito de sus gestores políticos alimentado por la corrupción, la mala gestión de los recursos públicos, la falta de ética, el despotismo antidemocrático; y en lo social, por el desmantelamiento de los “estados de bienestar” puestos en pie tras la segunda guerra mundial, eliminando importantes conquistas laborales, sociales y ciudadanas. En su lugar se han implantado una serie de medidas antisociales: el trabajo precario, los desahucios, la no universalidad de la sanidad pública, los recortes en el ya escaso gasto social y en los fondos destinados a la integración social.
La sociedad actual que solo busca el interés económico a base de consumir cada vez más, va a acabar con el planeta,  y necesita para mantener el sistema de desarrollo y de privilegios de las élites socioeconómicas, que se siguen recortando derechos y libertades, necesita de una mano de obra barata y vulnerable dentro y fuera de sus fronteras, necesita que decenas de miles de personas, no estén regularizados, no tengan derechos.
      
 Las políticas migratorias y de asilo siguen exclusivamente centradas en el control, en el cierre y la externalización de fronteras, con acuerdos de la vergüenza con terceros países como Marruecos o Turquía, criminalizando el derecho a la libre circulación y generando espacios de impunidad donde las personas quedamos reducidas a cifras y porcentajes y donde los derechos y la vida quedan en suspenso. Consecuencia directa de estas políticas son las cifras de muertes, que ascienden a 1246 personas en el 2019, según la OIM, Organización Internacional de las Migraciones, asociada a la ONU, cuando intentaban acceder a UE por la Frontera Sur.

Por ello seguimos denunciando la ley de extranjería como paradigma  de Racismo Institucional, una ley que atraviesa y condiciona las vidas de las personas por su origen y condición, que justifica la persecución y el hostigamiento en forma de controles y detenciones racistas, la privación de libertad y maltrato en forma de Centros de Internamiento,  la construcción de muros y   vallas, devoluciones en caliente, actuaciones policiales criminales, las  vulneraciones de derechos, que se convierten en poderosas razones para seguir luchando con más fuerza por el derecho a vivir dignamente.
Las migraciones forzadas no desaparecerán, mientras existan las causas  que las motivan, como las guerras, la desigualdad económica y social, el cambio climático, la falta de libertades,   que derivan del actual  modelo de desarrollo económico y social. En diciembre del pasado año, la OIM, manifiesta que hay más de  272 millones de personas, fuera de su país natal.

A todo lo anterior se añade el empeoramiento de las condiciones sociales y laborales, de la población global,  que siguen haciendo más profunda la fractura social, alimentando los prejuicios existentes, generando miedo y odio,  y rechazo contra la comunidad  de origen extranjero y gitana, que siguen representando un laboratorio para experimentar con los límites normativos y la exclusión.   
Combatir el miedo no es fácil, el miedo al otro, al diferente, es irracional, sin embargo no podemos quedarnos solo con esto hay que actuar, hablar y contarnos lo que nos pasa no podemos estar solas con nuestros problemas, tenemos los mismos problemas, el trabajo .la vivienda, la educación, la sanidad,  el futuro.
Tenemos que ir de la mano de la población extranjera, de las mujeres de la juventud, de los mayores, de las excluidas,  para hacernos más fuerte, para estar más unidos, separados nos quieren, para que culpemos  a los migrantes de algo que solo son responsables los que tienen el poder económico.       
Seguimos denunciando la discriminación en el acceso al empleo, a la vivienda, a la hora de justificar recortes en prestaciones sociales básicas o de derechos como la sanidad, racismo social entremezclado y sustentado por un racismo institucionalizado, legalizado y normativizado contra el que parece que nunca hay competencias suficientes para hacerle frente.
       
Por todo ello, volvemos a exigir la derogación de la Ley de Extranjería y la Ley Mordaza, así como el cierre definitivo de los Centros de Internamiento (CIE), pues son la máxima expresión del Racismo institucional, proponemos seguir combatiendo el Racismo en todas sus formas y seguir aunando luchas contra este sistema excluyente, que pretende dividirnos en categorías y seguir construyendo privilegios aniquilando nuestros derechos.
Reclamamos la diversidad como característica intrínseca de nuestra sociedad, como valor central: en nuestra diversidad reside nuestra fortaleza y capacidad de resistencia, es nuestra diversidad la que debería definir y estructurar cada normativa y nunca al revés.                          
                                                     
                                                         Por ello manifestamos:
             

¡TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS!

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